De verdad me cuesta creer que el fin del curso nos ha llegado. Tampoco me lo puedo creer la cantidad y la calidad de cosas maravillosas que la vida me ha presentado a lo largo del año: he tenido la oportunidad de viajar a muchas partes de España (¡y encima, he hecho una parte del Camino de Santiago a pie!) con gente que hace un año ni siquiera sabía que existía, he conocido a gente de muchos países que como yo había llegado a Madrid por casualidad, he aprendido a cocinar, a sobrevivir con poco sueño, a hacer lo que yo quiero, a ser una estudiante tanto en la calle como en el aula y básicamente me he enamorado con una ciudad tan llena de vida a cualquier hora. No es decir que este año haya sido completamente fácil, porque estaría mintiendo. Pero eso es la vida en cualquier sitio del mundo, ¿no? Mi madre me ha dicho en más de una ocasión que “el hogar se le llama al sitio en donde se encuentra uno su corazón.” Pues, yo he vivido en varios sitios del mundo y siempre echo raíces no importa donde esté, siempre dejo un cachito de mi corazón en ellos. En cambio, los sitios me dejan a mí una parte de sí que yo nunca podría olvidar. Me considero muy afortunada haber podido vivir aquí y sentir que de verdad hablo bastante bien el castellano. Más que nada, sin embargo, lo que saco de este año en mi querida ciudad es el amor que he recibido de todos los amigos que he conocido: “mis chicas” y todos los amigos del programa, los chicos del coro, el viejo Ángel que me invitaba a café con leche cada mañana, las personas con quienes he pasado una sola experiencia inolvidable, la gente que me ha visitado, amigos que ya conocía… todos como yo: simplemente queridos peregrinos intentando vivirse las vidas al máximo. ¡Vaya año llenísimo de risa, música, sonrisas, cañas, abrazos, aprendizaje, besos españoles, tapas, fotos, y momentos que voy a guardar en mi corazón para siempre!
Este domingo tuve la oportunidad de acompañar a una querida amiga a su iglesia protestante en Madrid. Resultó una experiencia muy buena, en la que vi otra forma de culto cristiano, la cual no había esperado encontrar en un país tan católico como España. Yo soy católica pero como bebe me bautizaron en la iglesia presbiteriana y por eso siempre me ha interesado ir a varias iglesias y he querido apreciar otras maneras de pensar acerca el gran misterio de la fe. Me considero muy afortunada porque veo que hay algunas personas con la mente muy cerrada respecto al tema de la religión y a mí, no me cuesta apreciar rasgos de la Iglesia católica y también los de muchas iglesias protestantes, (y de las otras religiones del mundo también). Aunque sea católica, me gradué de una universidad presbiteriana y mis abuelos son también protestantes y siempre que estoy con ellos, voy a su iglesia. Para mí, lo más importante es apreciar la libertad que se nos ha dado a través de la resurrección de Cristo e ir a iglesia para celebrarla, aprender y mejorarnos como seres humanos, sea donde sea.
He hablado con varios españoles que ya no se consideran creyentes sobre la Iglesia y me parece que hay muchos que no distinguen entre la fe y la religión y, así, han dejado ir a misa o aun pensar en Dios. Hay muchos que quieren creer, pero las cosas de religión les han dejado tan desengañados que ya no les importa. Claro, cualquier institución religiosa va a ser imperfecta, como está en las manos de seres humanos que, comparados con Jesucristo, somos todos imperfectos. Me da pena de que algo que en teoría deba ser una manera de acercarse a Dios ha sido también la fuente de mucho mal, pero afortunadamente para mí, a lo largo de los años y con las diversas experiencias que he tenido, he concluido que hay una gran diferencia entre la fe y la religión. Aunque reconozca las imperfecciones dentro de las religiones, y no estoy de acuerdo con mucho de la Iglesia, sigo explorando mi fe.
La iglesia que visité ayer me mostró otros aspectos del mundo cristiano y me fui del edificio con una perspectiva aun más amplia. Aunque tiene cierta relación con otras iglesias bautistas, es completamente independiente, o sea, la comunidad misma toma la decisiones para si misma y basa sus principios en la Biblia. Había gente de Argentina, EEUU, España, Perú y muchos otros países entre lo que me parecía unos sesenta feligreses. El culto consistía en algunas lecturas de la Biblia, un sermón hecho por un hombre que no era el pastor, la gente pidiendo libremente que se orara para alguien, oraciones espontáneos y muchísimas canciones de alabanza. Creo que lo que más me gusta de las iglesias protestantes en general es el énfasis que se pone en la música y la hermosura de los cantos ayer fue un buen ejemplo. ¡Siempre hay algo que aprender de la vida y me gusta que siempre me vengan más oportunidades para hacer justo esto!
Echo de menos al Camino y me cuesta creer que ya han pasado tres semanas desde nuestra llegada a la ciudad lloviosa de Santiago. Durante el Camino, no tenía ningún concepto de la hora, salvo que sabía cuando tenía hambre y cuando tenía sueño. Me encantaba como los cinco días de nuestra peregrinación pasaran con un ritmo muy tranquilo y que cada uno estuviera muy largo. De hecho, a veces durante las noches, ni siquiera me lo podía creer que solo había pasado una sola tarde desde la salida del albergue anterior. Aquí en Madrid, aunque me encanta la ciudad capital con todo el almo, desafortunadamente me está pasando el opuesto con respecto a la hora. Los días pasan tan rápidos y cada noche me acuesto demasiado tarde sin haber terminado todo lo que tenía que hacer. Pienso en miles cosas a la vez y me fijo en el reloj de mi móvil demasiado, aunque hace mucho que no me pongo el reloj a la muñeca a posta. Mientras voy andando por las calles de Madrid estoy pensando en básicamente las mismas cosas en que pensaba durante el Camino: el porvenir, las bendiciones que la vida me ha dado, los problemas del mundo, cuanto voy a echar de menos a la vida que llevo aquí en Madrid, la belleza de las flores de la primavera, etc., pero el problema es que no estoy relajada y tampoco tengo el tiempo suficiente para pensarlas bien. Las preocupaciones suelen ahogarme y el ambiente de la ciudad me pone inquieta. No hay nadie que pueda ni deba estar en el Camino de Santiago todo el tiempo, pero de vez en cuando me pillo queriendo volver a la vida sencilla y tranquila que teníamos durante estos cinco días maravillosos…
En las próximas bitácoras, reflexionaré con más profundidad, pero por ahora solo quiero re-vivir la semana un poquito. Aquí hay varias observaciones y reflexiones que apunté durante la semana del Camino para acordarme de todo lo que experimentábamos. Así que, durante mi tiempo haciendo el Camino, no quería olvidar lo siguiente:
23/3/07 Mis pensamientos durante el camino en autobús a Sarria (después de haber sido robada la noche anterior… ¡perdóname el inglés en este poema!)
Sopping wet back,
Almost ready for a snack.
Just spilled my zumo…
¿Qué es peor B.O. o humo?
Pissed about the stupid chorizo;
It could have been worse though.
I’ve got my laptop and I’m alright…
It was actually an interesting night.
Just feel slightly violated.
What a jerk, mejor stated.
At least no lío salvo the keys
I mean, nothing to do with money or DNI’s.
Lo del I-Pod, ¡qué lata!
Putting purse on floor, gran errata.
Now it’s officially Camino day one…
It’s certainly going to be lots of fun!
24/3/07 En el albergue O’Durmiento en Sarria (al lado de una iglesia iluminada de noche con una vista muy preciosa de ella)
A beautiful sunrise
And a decent night’s sleep
French braids are done
And it’s time to eat!
24/3/07 Reflexiones de nuestro primer día en el Camino, escritas en el albergue de Gonzar.
-Conociendo a Lola García, mujer que nos habló a Maureen y yo de varios temas durante media hora. Nos explicó la diferencia en aspecto entre los cerezos y los castaños, nos contó la historia de su familia en Madrid y de la iglesia románica cerca de su casa y aun subió una cuesta grande con el mismo ritmo de nosotras. ¡Sacamos una foto con ella!
-Vacas x 4—¡del mismo color del pelo de Maureen!
-Una proposición sexual ofrecida a Maureen por un viejo.
-Menú increíble con mucho pan y mi primera (de muchas) tarta de Santiago en el Camino.
-Conociendo a Miguel el alemán/filipino quien fue el compañero de habitación de Aaron en el albergue de Sarria y quien nos acompañaría hasta Melide.
-Lavando la ropa con jabón en el lavabo y secándola en la maquina.
-Schmorgezborg con la comida que habíamos comprado en el supermercado en Portomarín y AGUA CALIENTE en el albergue (que se nos surgió antes de la hora esperada en el Camino… ¡muy bienvenido después de haber caminado unos treinta kilómetros!)
-Finalmente podiendo acordarme del apellido de soltera del personaje Rose en la película Titanic: Rose Dewitt Bucater (¡o algo así!)… después de haberlo ponderado con amigos a partir del fin de semana anterior con los amigos de Middlebury en Extremadura.
-¡Todos los sellos que me dieron la credencial en un solo día!
-El tío sudafricano que nos sirvió desayuno en un café en Sarria…uno de los mejores croissants qué jamás había comido y cubierto en mermelada y mantequilla. Los advertencias de un hombre mayor en el café sobre el peso de nuestras mochilas y la distancia que pensábamos cubrir en un solo día.
-Encontrándonos por casualidad con Shawna y Aaron.
-Hablando con Maureen sobre la vida.
-Pisando por piedras en el medio de un arroyito para poder seguir en el camino.
-Una cueva con un altar con velas y homenajes a gente y mensajes escritos por las paredes.
-El tractor grande.
25/3/07
-camelias…por todas partes en Galicia, la Comunidad con la reputación de ser muy verde y bonita.
-Los cajones por encima de la tierra en los muchos cementerios.
-Una vista preciosa de piedritas marrones, con flores moradas y amarillas a su lado, encontrada a la izquierda de una parte muy estrecha en el Camino.
-Vista de las montañas al amanecer.
-Encontrando un sitio para desayunar…finalmente…después de un intento previo sin éxito.
-Conociendo al bombero de Santiago que se hizo amigos de Aaron en una parada para usar el baño.
-Conversación genial con Aaron sobre su trabajo de bombero, la religión, etc.
-Dueño muy amable del restaurante en Palos Do Rei.
-Miguel alcanzándonos antes de la comida aunque se había quedado dormido mucho más tarde que nosotros.
-Mujer amable que nos había servido el desayuno…el mismo desayuno que le enfermó a Aaron.
-Ropa seca por fin (Gracias a Dios!) en el secador cuando nos levantamos.
-Iglesia bonitísima en Palos Do Rei. ¡La estatua de la Virgen y camelias POR TODAS PARTES y un cielo muy azul!
-Edificio guay para acampamentos de verano en Palos Do Rei.
-Dos perritos: Poopi y Pachi
-Callejón de preservativos en el Camino un poquito antes de entrar en Melide.
-Encontrando a Lena y sentándome en la Pulpería Ezekial…Sidra y la primera vez que vi pulpo cubierto en pimentón y servido en un plato…
-Lo asqueroso que Sarah había visto al lado del puente al entrar en Melide.
-Llegando a Melide…finalmente…con los pies y todo hechos polvo.
-Cagando en el bosque por primera vez (y no sería la última) en el Camino.
-Maureen y yo riéndonos como locas mientras se nos iban muriendo los cuerpos!
-El puesto de sol que experimentamos M y yo al cruzar el puente al entrar en Melide.
-¡37.2 MILLAS en DOS días! (once más que la distancia de un maratón)
-La cervecería alemana donde nos compramos Aquarius.
-El albergue FATAL y cambiando de sitio a las once de la noche a un hostal estupendo
26/3/07
-Menú increíble en Arzúa (pasta con atún, ternura y patatas, pan gallego, vino y helado).
-Perro grandísimo y muy bonito.
-Desayuno de peregrino: Croissant, Zumo de naranja (¡natural, claro!) y Café con leche.
-Postal en gallego y la mujer amable que intentó traducírmelo a castellano. Cuando ella era joven, no se enseñaba gallego en la escuela, pero ahora sí, se enseñan los dos.
-Leyendo todas estas observaciones del Camino a nuestro grupo genial.
-Misa de 25 minutos en Arzúa y la voz muy fuerte y operática del cura. Cantando la canción “Lord You Have Come to the Lakeshore” en español…una de mis favoritas de la iglesia que me recuerda a mi madre.
-La música de bachata y reggaetón que se oía durante la cena.
-Dormir muy bien y soñar con Lesley y Lori, dos de mis mejores amigas de la juventud.
27/3/07
-Despertarnos todos a la vez en el albergue para comenzar otro día de peregrinos.
-Desayunar (¡finalmente!) con Sarah y los alemanes…esta vez comí mermelada de fresa en vez de lo normal de melocotón.
-Una merienda de colacao.
-Charlando con Sarah sobre la religión, la guerra y la política.
-Pensando en todas las fotos de este camino que voy a mostrar a mi familia, a mis amigos y a mis alumnos.
-Menú de chorizo, lentejas (¡era otra palabra en gallego!), ternera, patatas.
-Duchas friísimas.
-Aaron llegando a Santiago ya.
-Los canarios locos hablando en voz muy alta y siguiéndonos… ¡qué horror!
-Hablando con la alemana.
-La lluvia y utilizando el poncho.
-Cantando “Feel the Rain on Your Skin,” “These Words” y “Let the Rain Fall Down” con Sarah.
-El albergue sin calefacción y los huesos helados
-¡Tomando otro colacao (esta vez con ron) con Lena, Sarah y Josh para calentarnos!
-Internet en el supermercado y recibiendo noticias de madre y mejor amiga.
-Conociendo a Josh de Maryland. Blog: a Walk from Spain to China.
-Dándome cuenta de que llegamos mañana…voy caminar como el viento para llegar a la Misa de peregrino a mediodía… ¡a qué sí!
-Lavando toda nuestra ropa sucia con Sarah.
-Oyendo la gaita al volver al albergue
-El periódico con la mitad de los artículos en castellano y la otra en gallego.
28/3/07
-“I’m getting the hell out of here…nos vemos en la catedral…chao”—al irme corriendo del albergue friísimo.
-Perdiéndome en el bosque en la niebla y la oscuridad de la madrugada. La luz del móvil que me ayudó a no deslizarme y caerme. La ayuda de Lena a encontrarla y seguir bien en el Camino. Nuestro ritmo muy rápido en la lluvia.
-El resto del Camino completamente sola pero muy contenta (salvo la lluvia que cada vez más caía con más intensidad)…cantando en voz alta durante dos horas…
-Misa de peregrinos—Llegué empapadísima justo a las doce después de perderme de nuevo…esta vez en la parte moderna de la ciudad de Santiago por culpa del letrero para el albergue que tenía dos flechas amarillas aunque no señalaba la continuación del Camino hacia la Catedral… ¡uf!
-La Compostela
-Una palmera y un colocao calentita con Lena después de Misa.
-Comprándome un paraguas para el camino al HOTEL en vez de albergue…después de tal lluvia no me importaba pagar más.
-Llegando al hotel finalmente y duchándome durante lo que sería media hora en agua super caliente.
-El bombón de cereza por encima de las almohadas.
-Cena a las siete de la tarde en un restaurante con lo que parecía todos los angloparlantes a quienes le gustaba comer tempranito.
-¡Las conchas (vieras en gallego) que Lena nos regaló!
-Pulpo por segunda vez.
-Viendo “Joey” y “Friends” en la tele después de una semana sin ella. No soy muy aficionada de la tele, pero me alegró mucho ver los programas y poder tumbarme en la cama limpia.-Pasando tiempo después de la cena con Aaron y Sarah.
29/3/07
-Durmiendo como una bebe.
-Desayuno con Aaron y Sarah en el hotel antes de irnos (Sarah y yo) para encontrar otra aventura al noreste, en Oviedo.
Amanda y yo llegamos al Monasterio de Santa María con mucha hambre y mucha ilusión para ver la ciudad de León. Conocimos a Pilar y a la madre superior de las monjas quienes nos explicó las reglas del albergue y después de poner nuestras cosas en la parte de la habitación señalada para las mujeres, nos duchamos. Ella, Pedro y yo nos fuimos del albergue sobre las 16,30 con la meta de encontrar el famoso barrio húmedo y tomarnos algunas copas. Por suerte, esta zona quedaba muy cerca del monasterio y por lo tanto, dentro de poco comenzó nuestra tarde de tapas y vino de bierzo. Los tres disfrutamos de la compañía de los otros y conocimos a varios bares, cado uno con tapas distintas. Finalmente encontramos un sitio que servía sidra y nos sentamos allí en la terraza hasta que se pusiera el sol. Ahora, continuando con el tema de la tarde, nos tocó cenar. Como no habíamos encontrado ningún menú del peregrino, nos alegró mucho al enterarnos de un sitio llamado el Abanico que sí lo tenía. Después de una cena bastante larga, tuvimos que volver al monasterio porque se cerraban las puertas a las 21,30. Con todos los otros peregrinos, que incluían cuatro alemanes, dos japonesas, un francés y básicamente todos los middleburienses salvo Lena y los otros profesores, que iban a quedarse en el albergue esa noche, fuimos a una capilla para recibir la bendición del peregrino de la monjas del monasterio. Esta parte de la noche fue realmente especial porque las monjas tenían voces angélicas y todos podíamos seguirles porque se había repartido libretos con todas las letras y las oraciones. Después de la bendición, volvimos al albergue para prepararnos para la cama. Yo, con la tripa hinchada por tanto comer pero la mente muy tranquila por la bendición tan bonita, me acosté y dormí muy bien toda la noche hasta la madrugada cuando unos borrachos en la plaza enfrente del monasterio gritaron una tontería muy cruel dirigida a las queridas monjas.
Pues, algunas horas después nos levantamos para un desayuno temprano. Pili, la encargada del albergue, nos preparó pan tostado y café y charlamos con los otros peregrinos. Una alemana, Ruth, no sabía su plan para el día porque se había lastimado el tobillo y ni siquiera sabía si iba a poder continuar el camino a pie. Después de poner nuestras mochilas en un sitio especial (¡qué amables eran estas mujeres!), nos sentamos en un café un rato antes de quedar en la entrada de San Isidoro y empezar el día turístico/académico en León. Yo había estado allí en el Panteón desde hace dos años y medio y aun me impresionó más esta segunda vez, especialmente la representación del calendario agrícola por las paredes. Después subimos a la biblioteca en donde el Profesor Larrañaga nos habló de los beatos y varias Biblias mozárabes que se encontraban allí. Al irnos del panteón, fuimos a una cafetería al lado de la Catedral para merendar y tomar un té. Un poco después, comenzó la visita de la Catedral de León, que sin duda, sigue siendo la más bonita que jamás he visto. Desde fuera, se apreciaba las arquivoltas y contrafuertes, de los cuales habíamos aprendido mucho, y las esculturas a la entrada, las cuales me interesaron mucho porque algunas estaban en condiciones perfectas y otras no se habían preservado bien. Entré en la Catedral con mucha ilusión porque sabía la hermosura que nos esperaba. Me dirigí la vista arriba para apreciar todos los colores de las vidrieras. Yo creo que los arquitectos góticos cumplieron la meta de demostrar lo celestial en armonía con lo terrenal con la construcción de estas vidrieras de modo increíble. No sé como es el cielo, pero me imagino que tiene algunos aspectos de estas vidrieras preciosas. Pues, después de mucho tiempo contemplando ellas, salimos de la iglesia y encontramos un sitio en el barrio húmedo para comer. Comí con Kristen, Sarah, Maureen, Amanda, Julie y Pedro y después de tardar un poco en acostumbrarnos de que el camarero nos iba a tratar muy mal, nos pasamos un tiempo estupendo juntos, jugando juegos en la mesa y comiendo muy bien. Cuando terminó la comida, casi era la hora para encontrar el autobús, así que volvimos al albergue para recoger las mochilas. Disfrutamos del sol brillante, sacamos fotos de la plaza, entramos en la iglesia al lado y finalmente nos fuimos para el autobús. En camino para Madrid, contamos historias y nos reímos mucho. Creo que ese fin de semana fue uno de los mejores que he pasado aquí en España porque me acostumbré muy fácilmente a la vida del peregrino, pude pasar mucho tiempo con mis amigas más cercanas, reflexioné mucho y aun hice la decisión de lo que quiero hacer durante el año que viene, conocí a otros peregrinos y otros paisajes de España, respiré mucho aire limpio y aun me tomé un poquito de sol! Por eso, volví a Madrid rejuvenecida y con muchas ganas de seguir en el Camino.
El fin de semana pasado fue, sin duda, uno de los mejores fines de semana que he experimentado durante este año en España. Lo pasé muy bien durante todo el rato, aunque cuando tenía sueño o me dolía un poco la espalda. Lo primero que noté cuando nos bajamos del autobús en Burgo de Ranero el jueves por la noche fue la existencia de estrellas en el cielo…me di cuenta de que había pasado demasiado tiempo sin verlas en la ciudad. De hecho, ni siquiera sé si se las puede en el centro de la ciudad porque nunca me ha fijado. Con esta vista preciosa de las estrellas, noté la tranquilidad del ambiente: no había nada de ruido salvo la risa de unos amigos muy ilusionados por haberse bajado del autobús y tampoco olía al humo que nunca se puede eliminar por completo del aire que respiramos en Madrid. Con un sueño horrible y una anticipación por lo nuevo que nos esperaba, me acosté pero me quedé despierta durante casi toda la noche.
Al mañana siguiente, me levanté un poquito cansada pero lista para comenzar. Después de terminar nuestros cafés con leche y tostados y con la sesión graciosísima de fotos con la señora del hostal, nos embarcamos en el camino, un camino genial que terminaríamos 26 kilómetros luego en Puente Villarente. Antes de llegar allí, sin embargo, pasamos por varios pueblos perdidos, nos paramos de vez en cuando para descansar o para leer letreros que señalaban mapas de la etapa en la cual andábamos, disfrutamos de una comida muy rica y grande en La Taberna de Gelo en Mansilla de las Mulas y aun nos perdimos un pelín al salir de este pueblo. Lo que más recuerdo del día eran las conversaciones profundas y los momentos de cachondeo que tenía con mis queridas amigas y el sentimiento de paz que tenía al saber que me quedaban muchas horas más en el camino para disfrutar de estos momentos. Sin prisa, apreciaba todo a mi alrededor, incluso las piedras debajo de los pies (una de las cuales sirvió como mi propio bastón del peregrino y que cabe perfecto para mi agarre). También pasé más que una hora (creo) sola, reflexionando en mi año pasado, mi tiempo en España, mis decisiones para el futuro y cantando una variedad de canciones que se me entraba en la cabeza; estoy completamente segura que estaba sonriendo aunque estuviera sola. Mientras estaba sola, vi a alguna gente del pueblo en sus jardines y aun saludé a algunas personas sin que me dieran una respuesta. Pues, después de pasar ese pueblecito, un hombre apareció en el medio de nada cortando leña y me pidió la hora. Le pedí disculpa diciéndole que no tenía puesto un reloj pero que me imaginaba que era sobre la una. Para mí, la hora no importaba porque no tenía algo esperándome o demandando algo de mí salvo un bocadillo dentro de poco, una cena más tarde, quizá una ducha y claro, un albergue nuevo y lujoso en Puente Villarente.
Al llegar a Mansilla, encontré a varias amigas sentaditas en un monumento con las figuras de tres peregrinos y claro, a Jesús y la Virgen. Esperamos a que llegaran las otros y luego entramos en el pueblo para encontrar un sitio que tuviera un menú del peregrino. Pues, después de entrar en dos sitios (y salir sin éxito!), encontramos esa Taberna y también a Lena y el dueño que nos sonreía (los otros dos ni siquiera nos habían hecho caso así al ver a dos caras sonrientes, sabíamos que íbamos a pasarlo bien. Después de descansar mucho y comer un bocadillo de tortilla grandísimo, nos fuimos para Puente Villarente y llegamos allí justo a la hora de un puesto de sol magnífico. Fui con Lena y Maureen a un restaurante en donde disfrutamos de una cena de caldo de cocido, queso manchego, y también para mí, un descafeinado caliente, una caña, mucho pan y una tarta de chocolate para el postre. Satisfechas, volvimos al albergue muy guay en donde conocimos a Fernando (creo que se llamaba así) y a su hijo (¡el cuarto de ocho!) muy majo Andrés, de Burgos. Lo pasé muy bien escuchando la historia de su familia y me quedé muy impresionada por la manera cariñosa en que los dos hablaban de su familia y también por el hecho de que el padre de ocho pretende hacer partes del Camino de Santiago con cada hijo. Este padre muy sabio nos dio consejos para cuando nos casemos algún día y creo el tiempo, aunque fuera sólo un poco, fue algo muy especial para todas. Pues me acosté sobre las once muy contenta y riéndome un poco por los varios tipos de gente que una se encuentra en el mundo.
Al día siguiente, todas nos levantamos sin prisa porque ya habíamos cumplido la mayoría del viaje. Nos fuimos del albergue y después de más cafés con leche y magdalenas en una pastelería (que ponía música de los 80s incluso la de Madonna!), nos despedimos de Puente Villarente. Lo que recuerdo bien del camino de este día son las cuestas y las canciones que canté con mis amigas mientras intentábamos conquistarlas. También vimos a una mujer vieja que nos deseó un buen camino y también a un hombre anciano dando de comer a sus conejos en el jardín de lo que pensamos era una residencia para ancianos. Cruzamos la carretera y pasamos una parte al lado de la carretera y al llegar a una parte más aislada de nuevo, yo me aparté del grupo para pasar un rato sola. Me alegró tanto cuando vi la Catedral de León muy en la distancia porque sabía que ya estábamos bastante cerca de la ciudad y también porque creo que es la catedral más bonita que jamás he visto y tenía tantas ganas de verla de nuevo. Encontré a Amandita esperándonos y nosotras dos decidimos seguir sin descansar mucho porque queríamos llegar al hostal y comenzar la segunda parte de la aventura (la sin las mochilas!) en la ciudad de León.
Ahora, después del primer fin de semana como peregrina, diría que tengo una mejor idea de lo que se debería esperar encontrar en el Camino de Santiago y también de lo que de verdad hace falta llevar para un camino sencillo pero todavía cómodo. Al evaluarme, creo que lo preparé bastante bien. Había hecho mi mochila varias veces antes de que Kristen entrara en mi habitación y me dijera que tenía que quitar mucho peso de ella. Le escuché, y gracias a su intervención, llevé más o menos todo lo que me era necesario y no mucho más sin que me dolieran mucho la espalda ni los hombros. Para el fin de semana, llevé dos pares de pantalones, uno que me ponía cada día durante para caminar y otro que usaba para las noches después de ducharme y también para dormir. Llevé tres camisetas deportivas que respiraban bien como son para correr, tres pares de calcetines finas y tres más gruesas, cinco camisas ligeras para la capa primera (creo que sólo me hacían falta tres), las chanclas, tres pares de bragas, un poncho para la lluvia (¡que gracias a Dios nunca nos vino!) y también tenía mi chaqueta de esquiar con el chubasquero que se puede quitar. En realidad, hacía bastante calor en algunos momentos a lo largo de los tres día para que me quitara todas las capas de camisas salvo la primera, pero después del puesto del sol, me hacía falta cada una (y también el gorro y los guantes!). A parte de ropa, llevé una funda ligera, para un saco de dormir (que me costó 18 euros en Corte Inglés), una manta que metía dentro y que me servía bastante bien, una almohada pequeña con una funda de mi casa, una toalla pequeña para la ducha y también una toalla como las de los deportistas del tamaño y la anchura de una hoja de papel de un cuaderno, tipo que casi se seca de repente. Para el baño, llevé las cosas básicas (incluso tiritas y un recipiente para lentillas que en vez de ellas, tenía dentro un poco de jabón y bronceador para la cara) pero intenté que todo fuera del tamaño más pequeño posible (como una barra de jabón de un hotel y un tubo mini de pasta de dientes). Y claro, llevé mi bolsilla de plástico para las cosas de valor que incluían mi cámara (me enteré de que estaba rota en el autobús para Burgo de Ranero), el móvil, dinero, la credencial, un cuadernillo, un bolígrafo y el DNI. En las dos bolsillos laterales de la mochila, metía barritas y paquetes de cóctel exótico para merendar, un mechero y una botella muy grande de agua. Salí del camino sin dolor de espalda (que me sorprendió) y no me apareció ni una ampolla! Sin embargo, me voy dentro de diez días para un camino un poquito más largo de seis días así que ahora tengo que pensar aún más en lo imprescindible versus lo que me distrae (o porque de verdad no hace falta durante un peregrino en que pretendo vivir de manera sencilla y introspectiva o por el peso innecesario que me da).
Al estar sentada muy tranquila para colocar los pensamientos, algo que debería hacer con más frecuencia, me he enterado de que quiero comentar en los propósitos míos por hacer el Camino, los cuales son varios. Primero, creo que la palabra camino es un símbolo del camino de la vida y todos sus misterios. Cada día en que pisamos la tierra estamos caminando hacia un futuro desconocido determinada por cierta combinación misteriosa de nuestro libre albedrío y de la voluntad de Dios. Seguimos reflexionando, aprendiendo y celebrando el pasado, y espero que recordemos vivir en el momento actual durante la mayoría del tiempo.
Cuando pienso en la palabra camino, se me ocurren dos contextos específicos de los cuales he aprendido un montón sobre la vida. Según Machado, “no hay camino, el camino se hace al andar,” y según la Biblia, Jesús dijo que él mismo era “el camino, la verdad y la luz….” Yo creo que la combinación de estas dos ideas demuestra mis razones para tener tanta ilusión en la vida y también para hacer el Camino, un camino que no va a terminar simplemente cuando llegué a Santiago. Quiero vivir mi vida de manera activa: hacer decisiones basadas en mis principios y aprender de los errores que quizá surjan de ellas, todo el rato intentando mejorarme a ser más como Jesús.
Mi vida es un regalo y a veces sólo quiero pararme, sonreír y dar gracias a Dios por todo lo que me ha dado: la familia, la salud, la seguridad, la oportunidad de experimentar tantas culturas y tantos aspectos de la vida, la habilidad de oír música y de ver a cielos con tantos matices de colores, la paz, la alegría, los tiempos duros que me han provocado a crecer, la risa y su gracia. Hago el Camino, entonces, para celebrar todos estos regalos. También, la actividad física en el aire libre me pone muy tranquila, como si estuviera sentada en mi habitación, para poder intentar escuchar mejor a la voz dentro de mi misma. Cuando camino a solas con vistas de la hermosura de la naturaleza, a menudo puedo dirigir los pensamientos con aun más claridad que cuando estoy quieta y así puedo hacer sentido del pasado, presente y el futuro, todo a la vez. Así que, el Camino que voy a cumplir con mis amigos sirve como una manera de reflexionar sobre la vida y mi papel en el mundo y también de disfrutar de todo el misterio que nunca voy a saber hasta la muerte.
¡Y como no siempre se puede vivir en el mundo de reflexión, cuando yo deje de pensar en todas estas cosas, voy a disfrutar de la compañía de mis buenos amigos middleburienses y la mucha risa que seguro se nos va a surgir en momentos determinados! También quiero hacer el camino para el reto físico, para ver el paisaje español, para aprender más de la historia tras todo lo que veo y para como varios menús del peregrino…¡qué seguro van a ser riquísimos!