Reflexiones de un fin de semana lleno de recuerdos de Santiago
Durante el fin de semana pasado, tuve dos experiencias culturales, espirituales y académicas acera del tema de Santiago. Primero, el sábado, madrugué con varios compañeros de clase para hacer lo que llegaría una caminata genial de dos horas y media. Descubrí una zona al suroeste de la ciudad que no conocía antes, entre las paradas de metro de Marqués de Vadillo y la de Lago dentro de la Casa de Campo. La presencia de estos amigos y del sol hizo que fuera una manera estupenda de comenzar el día. Disfruté de aprender más de la ciudad y de mitos españoles como el de San Isidro y también de conocer mejor a varios middleburienses. Decidí esa misma tarde que voy a hacer estos cinco días del Camino durante las vacaciones de la primavera porque me gustaría poder tener aun más días de andar durante horas contemplando el paisaje del norte de España, la arquitectura del Camino, charlando con amigos sobre la vida y reflexionando en el silencio de mi propio corazón. El día siguiente, al visitar la Iglesia de Santiago, me animé aun más sobre el tema de Santiago. Llegué a la puerta hecha de madera muy pesada y cuando no me abrió, el mendigo sentado allí me dijo que estaba cerrada. Uf! Había venido a la iglesia durante esa hora para ir a misa y al echar un vistazo al horario de misas, me enteré de que me había equivocado con la hora. Pues, como estábamos allí, decidimos sacar algunas fotos de la concha y la cruz de Santiago que adornaban la fachada del edificio. Como llovía, nos alegró cuando dentro de cinco minutos se oyó abrir la puerta. Entramos de puntillas no fuera a ser que hubiera misa pero sólo encontramos a un cura joven encendiendo velas para el rosario venidero. Le pregunté si podríamos sacar fotos de las imágenes de Santiago para un proyecto académico y nos dijo que nos podríamos quedar allí y sacar fotos hasta que quisiéramos irnos. Descubrimos muchas cruces de Santiago por dos asientos en el altar, por las dos vidrieras y por el altar mismo. También notamos un cuadro de Santiago Matamoros que servía de retablo principal. A la derecha del altar había una figura de Santiago Peregrino encajada en vidrio y adornado con el bastón y el sombrero con la concha. Nos parecía que había escenas del mito del Santo por la bóveda pero como no estaba encendida la araña de luces, no se la veía muy bien. Nos quedamos durante mucho tiempo, impresionadas por la iconografía del santuario y pilladas desprevenido por el sonido de cantos gregorianos que venían de una sala en otra parte de la iglesia. Habrá que volver para investigar esa bóveda misteriosa