!El contenido de la mochila mía!
Ahora, después del primer fin de semana como peregrina, diría que tengo una mejor idea de lo que se debería esperar encontrar en el Camino de Santiago y también de lo que de verdad hace falta llevar para un camino sencillo pero todavía cómodo. Al evaluarme, creo que lo preparé bastante bien. Había hecho mi mochila varias veces antes de que Kristen entrara en mi habitación y me dijera que tenía que quitar mucho peso de ella. Le escuché, y gracias a su intervención, llevé más o menos todo lo que me era necesario y no mucho más sin que me dolieran mucho la espalda ni los hombros. Para el fin de semana, llevé dos pares de pantalones, uno que me ponía cada día durante para caminar y otro que usaba para las noches después de ducharme y también para dormir. Llevé tres camisetas deportivas que respiraban bien como son para correr, tres pares de calcetines finas y tres más gruesas, cinco camisas ligeras para la capa primera (creo que sólo me hacían falta tres), las chanclas, tres pares de bragas, un poncho para la lluvia (¡que gracias a Dios nunca nos vino!) y también tenía mi chaqueta de esquiar con el chubasquero que se puede quitar. En realidad, hacía bastante calor en algunos momentos a lo largo de los tres día para que me quitara todas las capas de camisas salvo la primera, pero después del puesto del sol, me hacía falta cada una (y también el gorro y los guantes!). A parte de ropa, llevé una funda ligera, para un saco de dormir (que me costó 18 euros en Corte Inglés), una manta que metía dentro y que me servía bastante bien, una almohada pequeña con una funda de mi casa, una toalla pequeña para la ducha y también una toalla como las de los deportistas del tamaño y la anchura de una hoja de papel de un cuaderno, tipo que casi se seca de repente. Para el baño, llevé las cosas básicas (incluso tiritas y un recipiente para lentillas que en vez de ellas, tenía dentro un poco de jabón y bronceador para la cara) pero intenté que todo fuera del tamaño más pequeño posible (como una barra de jabón de un hotel y un tubo mini de pasta de dientes). Y claro, llevé mi bolsilla de plástico para las cosas de valor que incluían mi cámara (me enteré de que estaba rota en el autobús para Burgo de Ranero), el móvil, dinero, la credencial, un cuadernillo, un bolígrafo y el DNI. En las dos bolsillos laterales de la mochila, metía barritas y paquetes de cóctel exótico para merendar, un mechero y una botella muy grande de agua. Salí del camino sin dolor de espalda (que me sorprendió) y no me apareció ni una ampolla! Sin embargo, me voy dentro de diez días para un camino un poquito más largo de seis días así que ahora tengo que pensar aún más en lo imprescindible versus lo que me distrae (o porque de verdad no hace falta durante un peregrino en que pretendo vivir de manera sencilla y introspectiva o por el peso innecesario que me da).