vaya año!
De verdad me cuesta creer que el fin del curso nos ha llegado. Tampoco me lo puedo creer la cantidad y la calidad de cosas maravillosas que la vida me ha presentado a lo largo del año: he tenido la oportunidad de viajar a muchas partes de España (¡y encima, he hecho una parte del Camino de Santiago a pie!) con gente que hace un año ni siquiera sabía que existía, he conocido a gente de muchos países que como yo había llegado a Madrid por casualidad, he aprendido a cocinar, a sobrevivir con poco sueño, a hacer lo que yo quiero, a ser una estudiante tanto en la calle como en el aula y básicamente me he enamorado con una ciudad tan llena de vida a cualquier hora. No es decir que este año haya sido completamente fácil, porque estaría mintiendo. Pero eso es la vida en cualquier sitio del mundo, ¿no? Mi madre me ha dicho en más de una ocasión que “el hogar se le llama al sitio en donde se encuentra uno su corazón.” Pues, yo he vivido en varios sitios del mundo y siempre echo raíces no importa donde esté, siempre dejo un cachito de mi corazón en ellos. En cambio, los sitios me dejan a mí una parte de sí que yo nunca podría olvidar. Me considero muy afortunada haber podido vivir aquí y sentir que de verdad hablo bastante bien el castellano. Más que nada, sin embargo, lo que saco de este año en mi querida ciudad es el amor que he recibido de todos los amigos que he conocido: “mis chicas” y todos los amigos del programa, los chicos del coro, el viejo Ángel que me invitaba a café con leche cada mañana, las personas con quienes he pasado una sola experiencia inolvidable, la gente que me ha visitado, amigos que ya conocía… todos como yo: simplemente queridos peregrinos intentando vivirse las vidas al máximo. ¡Vaya año llenísimo de risa, música, sonrisas, cañas, abrazos, aprendizaje, besos españoles, tapas, fotos, y momentos que voy a guardar en mi corazón para siempre!